Bienvenida.

Para mí este blog es muy mío; es decir, es un medio donde expreso una parte de mí que todavía estoy explorando y que espero no dejar de explorar... Espero que lo disfrutéis leyendo al igual que yo disfruto escribiéndolo.

domingo, 4 de agosto de 2013

Siente...

Deja que tu cuerpo se llene de la energía que te da la música; que tus mejillas se llenen de lágrimas, pero de alegría; que tu cuerpo arda en llamas y a la vez se congele al estar a su lado; que tu corazón estalle dentro de ti cuando veas a esa persona por primera vez; que sus risas te hagan ver el paraíso por unos segundos; que tu piel se erice al sentir su corazón  y a la vez el tuyo… y que ambos se vuelvan uno; que tu rostro se enrojezca por mentir; que veas fuegos artificiales, los oigas estallar, huelas sus cenizas al caer, degustes la alegría y el miedo de los de tu alrededor y sientas que eres infinito como éstos al posarse en el firmamento; que cuando veas la luz natural después de haber estado encerrado durante un largo período de tiempo sientas que todavía sigues siendo parte de ellos y una lágrima se pose en tu cutícula;  que aquella persona te hable a unos pocos centímetros de ti y tus manos se humedezcan; que presientas que alguien se sienta la persona más feliz de la Tierra por tu existencia; que  cuando yo escriba estas palabras y se conviertan en párrafos me recorra un calor junto con escalofríos por todo el cuerpo;  que tú, sí, tú, te dejes llevar por los sentimientos, siéntelos dentro, vívelos. 

domingo, 17 de marzo de 2013

Lo oscuro... (Caperucita Roja, retocada)


·Todavía puedo saborear aquella mañana de primavera, tan dulce con los brazos abiertos… Mi madre, como todos los fines de semana, me había encargado que llevara una pequeña cesta con galletas a mi abuela, y así adentrarme en el bosque, donde me sentía identificada con los frondosos árboles dándole la bienvenida a la nueva era que se forjaba entre las sombras de estos, los pétalos de las flores abiertas, ese sonido salvaje… El color rojizo del suelo me llamaba muchísimo la atención, hasta que ya me resultaba familiar, y el no verlo me preocupaba, era como mi sendero para llegar a la cabaña de mi abuela. Siempre pensé que era el color de la tierra, pero desde ese día todo cambió, sobretodo mi manera de ver las cosas.

Aquel día fue inolvidable, siempre quedará marcado como uno de mis más raros y especiales momentos… Era tan pícara mi sensación, atracción, o como quiera que sea ese sentimiento tan difícil de explicar… Bueno, sólo con olerlo tenía que probarlo, y desde que analicé ese sabor no podía parar… La sangre cada vez más me llamaba, me atraía. Ojos con miedo de aquel miserable lobo que se moría por matarme, se alejaba de mí al percibir mis actos antes de hacerlos… Yo era una niña muy amante de los animales, pero no en ese sentido desde que empecé a verlos de otra forma… Como alimento.

Llegué a la casa de mi abuela por el mismo camino marcado por la tierra rojiza. Llovía y llovía; no hacían más que caer gotas finas que mojaban el suelo y lo dejaban como si hubiese pasado por allí una masacre. Toqué varias veces la puerta, pero la abuela parecía que había salido, como más de una vez hacía, a dar sus típicas caminatas… Así que salí en su busca, pero ya me parecía muy sospechoso que con el tiempo que hacía saliera. Después de largas horas de buscarla entre los árboles, decidí volver a la cabaña para ver si es que se había quedado dormida.

-¿Abuelaaa?- Grité varias veces afuera; pero nada…

Ya preocupada, empecé a forcejear la puerta y a darle patadas, hasta que un fuerte rugido proveniente de la casa me contestó ferozmente.

Las manos me sudaban, y no sabía qué hacer, por lo que salí corriendo en busca de ayuda. En pocos instantes apareció el cazador, en compañía de la escopeta.

-He… He…-No podía hablar.

-Tranquila, lo he oído.

De una fuerte patada abrió la puerta, y allí estaban…

Mi corazón se paralizó por unos momentos… No me lo podía creer; un gran charco de sangre se situaba delante de la puerta, para dar la bienvenida.

Mi abuela, tirada en la cama. Y el lobo, todavía devorándola.

Indecisión y furia me recorrieron el cuerpo de un escalofrío. Después de esas imágenes almacenadas en mi mente sólo podía observar la sangre del suelo, y me recordaba a la tierra rojiza.

El cazador, por lo que podía observar en su rostro, tampoco sabía cómo actuar ante esa enorme crisis.

-Sal de aquí, Caperucita.- Logró decir con voz paralizante. 

Yo, después de haber sufrido psicológicamente, sólo tuve ese impulso…

-No, sal tú. Será mucho mejor, así me recordarás como la niña inocente que quería a su abuela.- Después de decirlo, le miré en tono desafiante; ya me había transformado en una bestia incontrolable.

Él seguía parado, con la escopeta sujetada firmemente, pero no sé cómo, me hizo caso, observaba que estaba decidida y percibió el peligro que corría… Por lo que salió mirándome con pena.

Y ahí estaba, todavía devorando a mi abuela; y eso sólo hizo enfurecerme todavía más. Di un paso adelante, me quité la caperuza y la tiré al suelo. El lobo podría llegar a medir un poco más del doble que yo, pero yo no le tenía miedo, al contrario, deseaba en ese momento desgarrarle por completo. Me abalancé sobre él sin pensármelo más de dos veces, y… Ya se puede imaginar lo que pasó. Después de todo era una niña con una fuerza sobrenatural que recibía órdenes de su instinto apoderado de la rabia contenida.  

domingo, 20 de enero de 2013

El regalo


Día nublado, mañana tranquila, se podía percibir que era otoño, simplemente por la cantidad de hojas que pisaban los niños al pasar, o que se paraban a jugar con ellas… Bailaban al son del viento, este, las arropaba con su dulce aliento a sauce, a risas, a melancolía, a enamoramientos, a sufrimiento, a mentiras, a sueños, que traía de todos los lugares inimaginables… ¿Quién sabe dónde ha estado? ¿Dónde ha vivido? ¿Qué ha llevado consigo mismo? Nadie lo sabe, y nadie lo sabrá… Es un misterio que siempre vivirá, pero que nunca se averiguará. ¿Es que hace falta saber todo para que tu mente descanse en paz? Lo que hace que tu mente descanse en paz es la tranquilidad que te da la vida, no solo el saberlo todo. La vida en sí, ya es un misterio, por eso, confía en ella, vívela, que ese es el mayor regalo.

¿Por qué hay que destruir un regalo? El mundo, cada día se destruye más… Las ansias de saber todo, hace que tu regalo se vaya empobreciendo… ¿Por qué no se cuida? Las personas se piensan que intentando descubrir nuevos mundos va a hacer que el suyo se enriquezca… ¿Por qué no primero acabamos lo que alguien o algo ha empezado, en vez de dejar el regalo atrás e intentar conseguir otro que también lo dejarás? Esto pasa con el mundo, se intenta descubrir nuevas vidas, pero primero se tendrá  que solucionar el nuestro, ¿no?

Con esto quiero decir que, el mayor regalo puede que lo tengas pegado a ti, y no te estés dando cuenta…